El diario de Ana Frank es el nombre que se le ha dado a los diarios personales de Ana, la niña judía que, entre el 12 de junio de 1942 y el 1° de agosto de 1944, registró los días en que permaneció oculta de los nazis junto a su familia en las habitaciones de atrás de unos almacenes de Ámsterdam, durante la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, luego de ser delatados por unos vecinos, el 4 de agosto de 1944, Ana y su familia, y otra familia que vivía oculta con ellos, fueron detenidos por unos agentes de la Gestapo y llevados a distintos campos de concentración.

El diario de Ana Frank ha sido, desde su primera publicación, una lectura ineludible para todo aquel que quiera revisitar aquellos años de horror vividos y sufridos por el pueblo judío. Y su lectura representa, no sólo el respeto por aquello que fué sino, sobre todo, por aquello que no queremos que se vuelva a repetir. Quizá por eso, aquellos manuscritos lograron sobrevivir al horror, a pesar de que la niña que los escribió no pudo lograrlo. Esos escritos representaron para ella una esperanza, un futuro posible, un mundo posible después de la guerra. 

EL DIARIO DE ANA FRANK

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El diario de Ana Frank es el nombre que se le ha dado a los diarios personales de Ana, la niña judía que, entre el 12 de junio de 1942 y el 1° de agosto de 1944, registró los días en que permaneció oculta de los nazis junto a su familia en las habitaciones de atrás de unos almacenes de Ámsterdam, durante la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, luego de ser delatados por unos vecinos, el 4 de agosto de 1944, Ana y su familia, y otra familia que vivía oculta con ellos, fueron detenidos por unos agentes de la Gestapo y llevados a distintos campos de concentración.

El diario de Ana Frank ha sido, desde su primera publicación, una lectura ineludible para todo aquel que quiera revisitar aquellos años de horror vividos y sufridos por el pueblo judío. Y su lectura representa, no sólo el respeto por aquello que fué sino, sobre todo, por aquello que no queremos que se vuelva a repetir. Quizá por eso, aquellos manuscritos lograron sobrevivir al horror, a pesar de que la niña que los escribió no pudo lograrlo. Esos escritos representaron para ella una esperanza, un futuro posible, un mundo posible después de la guerra.